El primer trabajo no fue de publicidad ni de agentes: fue de tienda. Se revisó el sitio con criterio de experiencia de compra y se corrigió lo que estorbaba entre el visitante y el pago. De poco sirve traer tráfico a una tienda que pierde gente en el camino.
El agente que cierra la compra
Después entró el agente. No solo informa: arma el pedido y manda el enlace de pago dentro de la misma conversación, sin mandar al cliente a buscar el producto otra vez.
Y hace algo que casi ningún ecommerce atiende: revisa los carritos que quedaron a medias y le escribe a quien no terminó de pagar. Esa venta ya estaba ganada y se estaba perdiendo en el último paso.
El problema de fondo
Una sola foto del negocio
Se montó el tablero que junta las ventas de la tienda propia y las de los dos marketplaces en tiempo real. Por primera vez existe un solo número al cual mirar.
En paralelo corre la medición completa de la publicidad: del anuncio hasta la venta atribuida, con cada pedido guardando de dónde vino.
Lo que viene
El siguiente paso es unificar la operación entera en un solo sistema: las conversaciones de los tres canales, el CRM, el punto de venta y el flujo de envío. Hoy buena parte de eso vive en hojas de cálculo y mensajes sueltos — el pedido se captura a mano, se avisa por grupo, se sube la guía por separado.
El objetivo no es tecnología por tecnología: es que nadie vuelva a capturar dos veces lo mismo.
Las campañas con medición completa llevan poco más de un mes operando. Las cifras se publican cuando haya un corte que resista comparación.