No es software que se compra y se instala. Es el sistema que sale del diagnóstico: se enciende lo que tu operación necesita, en el orden en que lo necesita.
Por dónde empieza
Nada de formularios. Grabas un audio explicando qué vendes, a quién, tus horarios, las preguntas que te hacen todos los días y cómo te gusta que te hablen. De ahí se arma el agente.
Qué se enciende
Un hotel no necesita lo mismo que una clínica. Cuáles entran, y en qué orden, sale del diagnóstico — nunca de un catálogo.
WhatsApp, Instagram, Messenger y el chat de la web caen en la misma conversación. El cliente escribe por donde quiera; tu equipo contesta en un solo lugar.
Reasigna cuando el profesional está lleno, recuerda antes de la cita, reprograma sin perder el hueco y reactiva al cliente cuando toca volver.
El catálogo, las políticas y las preguntas frecuentes viven dentro del agente. Responde con la información real del negocio, no con lo que se imagina.
Qué contesta y qué se traspasa queda escrito antes de encenderlo. Cuando entra una persona, la conversación llega con todo el contexto y el cambio queda asentado.
Del clic en el anuncio hasta la venta atribuida, con la venta regresando a las plataformas. Cada resultado comparado contra el mismo periodo del año anterior.
Las reseñas del negocio llegan al mismo tablero, comparadas contra su competencia directa, con la respuesta propuesta y aprobada por una persona.
El orden importa
Es la consecuencia de haber entendido primero cómo gana dinero el negocio y por dónde se le va. Encender un agente sobre una operación que nadie entendió solo automatiza el problema.
Treinta minutos para ver cuáles de estas piezas necesita tu negocio de verdad. Si la respuesta es ninguna, te lo decimos.